México. La calidad del aire interior se consolida como uno de los desafíos más importantes para la salud pública y la operación de edificios, en un contexto donde las personas pasan hasta el 90% de su tiempo en espacios cerrados.
Especialistas del sector HVAC advierten que una ventilación deficiente y la falta de monitoreo de variables críticas pueden incrementar el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares e incluso afectar el desempeño cognitivo.
Un artículo publicado en 2023 en la revista Nature, titulado "Daños ocultos de la contaminación del aire interior: cinco pasos para exponerlos", señala que la contaminación del aire es un factor determinante en enfermedades como el asma, afecciones cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón, además de su posible relación con el desarrollo de demencia.
Aunque durante las últimas décadas numerosos países han fortalecido las regulaciones para reducir la contaminación del aire exterior, la calidad del aire dentro de los edificios continúa siendo un aspecto con menor regulación. Esta diferencia resulta especialmente relevante si se considera que la Organización Mundial de la Salud (OMS) atribuyó 3,2 millones de muertes en 2020 a la contaminación del aire interior, una cifra cercana a los 3,5 millones de fallecimientos asociados al aire exterior.
De acuerdo con especialistas de Belimo, mantener una adecuada calidad del aire interior requiere controlar de manera permanente parámetros como la concentración de dióxido de carbono (CO₂), la humedad relativa, la temperatura y los compuestos orgánicos volátiles (COV).
El aumento de CO₂, provocado principalmente por la ocupación de los espacios, puede generar síntomas como fatiga, mareos, dificultad para concentrarse y problemas respiratorios. Por su parte, niveles elevados de humedad favorecen la proliferación de moho, bacterias y ácaros, mientras que los COV, presentes en materiales de construcción, mobiliario y productos de limpieza, pueden ocasionar irritación, dolores de cabeza y otras afecciones respiratorias.
La referencia internacional para evaluar estas condiciones es la norma ANSI/ASHRAE 62.1-2022, que define un aire interior aceptable como aquel que no contiene contaminantes en concentraciones perjudiciales y con el que al menos el 80% de las personas expuestas manifiestan sentirse satisfechas.
El monitoreo permanente de las condiciones ambientales y el mantenimiento preventivo de los sistemas HVAC son considerados elementos fundamentales para conservar una buena calidad del aire interior.
En este sentido, Belimo destaca la importancia de utilizar sensores capaces de medir con precisión variables como temperatura, humedad y niveles de CO₂, ya que una descalibración puede afectar el desempeño de los equipos de climatización y reducir la eficiencia energética del edificio.
Asimismo, la integración de sensores de ambiente con sistemas de gestión de edificios (BMS), mediante protocolos como BACnet, Modbus y MP-Bus, permite ajustar automáticamente la ventilación cuando aumentan los niveles de CO₂, favoreciendo una mayor entrada de aire fresco en oficinas, escuelas, hospitales y otros espacios de alta ocupación.
El mantenimiento periódico también desempeña un papel clave. La limpieza y sustitución oportuna de filtros contribuye a preservar tanto la calidad del aire como la eficiencia operativa del sistema. Tecnologías de medición de presión diferencial permiten, además, supervisar el estado de los filtros y generar alertas cuando es necesario realizar intervenciones.
La creciente atención sobre la calidad del aire interior refleja un cambio en la forma de diseñar y operar los edificios modernos. Más allá del confort térmico, la incorporación de tecnologías de monitoreo, estrategias de ventilación inteligente y programas de mantenimiento preventivo se perfilan como herramientas esenciales para crear ambientes más saludables, eficientes y seguros para sus ocupantes.


