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El atractivo turístico de Centroamérica ha jalonado la evolución de industrias de todos los sectores, entre ellas la de alimentos y, en consecuencia, la de la refrigeración. Carlos Sarmiento supo aprovechar ese buen momento, tomó las decisiones acertadas y hoy preside una próspera empresa.
por María Cecilia Hernández Ocampo
Quedarse sin empleo es un hecho desafortunado para muchos, que se quiebre la compañía para la cual se trabaja es, tal vez, la pesadilla de todos. Pero para Carlos Sarmiento lo uno y lo otro significaron el gran cambio de su vida.
La quiebra de la compañía Numar de Honduras, dedicada a la producción de aceites, margarinas y derivados de manteca, fue el punto de giro de nuestro profesional invitado en esta edición.
En Numar se desempeñaba como ingeniero y su oficio nada tenía que ver con la industria de la refrigeración industrial. Sólo cuando el sistema y los equipos térmicos comenzaron a dar problemas puso sus ojos en ese universo del amoniaco.
Por casualidad, así como muchos de los profesionales que hemos destacado en esta sección, llegó este hondureño al mercado HVACR. Pero no se puede permanecer en la industria por mucho tiempo y, mucho menos, ser exitoso, sólido y evolucionar todos los días sin que se cuente con una envidiable visión para los negocios y la claridad de las metas que se quieren alcanzar. Características que tiene de sobra Sarmiento.
En el camino hacia la refrigeración
Después de muchos años de estudio en asuntos distintos a los que hoy dedica su vida y de muchas vueltas por el mundo laboral, fundó Ingeniería Moderna, una compañía orientada al montaje electromecánico, sistemas de refrigeración y automatización.
Para llegar hasta allí Sarmiento se graduó como ingeniero electricista modalidad potencia en la Universidad Estadual de Campinas de Sao Paulo, Brasil. Posteriormente cursó estudios en Telecomunicaciones, Mantenimiento de centrales telefónicas y Telefonía internacional durante distintos períodos en Tokio, Japón.
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Trabajó como responsable del mantenimiento de los equipos de control, redes y subestaciones eléctricas en la Compañía Azucarera Hondureña.
“En esta empresa se marcaban dos periodos durante el año: la zafra y el tiempo muerto. Durante la zafra las exigencias se multiplicaban y desaparecían conceptos como hora de entrada, hora de salida, fines de semana; al presentarse un problema o una parada de la fábrica, todo mundo tenía que estar presente para resolver el problema, sin importar su especialidad o área. Esto me hizo desarrollar mi disposición hacia el trabajo y estar siempre listo para dar soluciones a los problemas que se presenten, independientemente si es mi responsabilidad o no”, recuerda Sarmiento.
Continuando con la que, creía, sería su línea de trabajo para el resto de la vida Carlos ingresó a la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones como director de proyectos y mantenimiento de centrales telefónicas, donde era necesario tener contacto directo con contratistas japoneses, de quienes, afirma el ingeniero, aprendió la manera de encarar el trabajo.
En la Base Aérea Soto Cano de Honduras, Sarmiento ocupó el cargo de gerente de mantenimiento de la red de comunicaciones del Ejército Americano, allí estuvo durante dos años para luego trabajar por dos años más en la Compañía Numar de Honduras como gerente de mantenimiento de planta hasta que dicha organización tuvo que cerrar operaciones.
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