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| El futuro de los hidrocarburos |
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Hoy aun se debate si los gases refrigerantes derivados de hidrocarburos son una alternativa viable en América Latina. Hasta ahora su uso en el sector industrial y comercial ha sido muy limitado.
por: Vanesa Restrepo.
Los refrigerantes han sufrido una importante evolución con la entrada en vigencia del Protocolo de Montreal. La industria se ha enfocado en la búsqueda de soluciones concretas a los problemas de alto consumo de electricidad, agotamiento de la capa de ozono y calentamiento global, en los que los equipos de aire acondicionado y refrigeración tienen una gran incidencia.
En la búsqueda de nuevas soluciones han surgido alternativas naturales, mezclas sintéticas y otro tipo de productos con características diferentes. Hoy por hoy muchos de ellos han perdido vigencia, incluyendo los Hidrofluorocarbonos (HFC) que llegaron como reemplazo de los Hidroclorofluorocarbonados (HCFC), dado que presentan un alto potencial de calentamiento global.
Otras soluciones se vislumbran con un mejor futuro. Tal es el caso del amoniaco, usado en instalaciones industriales y algunas aplicaciones comerciales; el CO2 que ya se emplea con éxito en supermercados de Europa, Australia y Brasil; y los hidrocarburos que mandan la parada en los sistemas de aire acondicionado vehicular y refrigeradores domésticos o comerciales de pequeño y mediano tamaño.
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Respecto a estos últimos existen opiniones divididas en la industria. Mientras que en algunos países como Colombia, Uruguay y México se fomenta el uso de este tipo de gases para la refrigeración en pequeñas unidades comerciales, en otros lugares sus aplicaciones se reducen sustancialmente y quedan casi que restringidas a la línea de refrigeración en hogares.
¿Un producto sin futuro?
Las bondades de los hidrocarburos son varias: además del bajo potencial de calentamiento global, no generan daños en la capa de ozono, son de fácil acceso y su costo es razonable. Sin embargo, al ser derivados del petróleo son elementos inflamables, lo que podría aumentar el riesgo en las instalaciones si no se tienen las precauciones de seguridad adecuadas.
Precisamente ese riesgo es el que ha limitado la implementación de estos refrigerantes. Así lo confirma el ingeniero argentino Roberto Aguiló, nuevo director de ASHRAE. “En Argentina se están usando muy poco los hidrocarburos, prácticamente sólo el butano y propano en las heladeras”, explica y agrega que en el sector industrial predomina el amoniaco que se usa desde hace varios años, así como el R-22 que tiene una porción menor en menor mercado.
En Uruguay la situación no es muy diferente. De acuerdo con el ingeniero Roberto Marvid, de la Unidad de Ozono del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, en algunos equipos de hogar con un ciclo de vida útil casi por finalizar se están utilizando hidrocarburos de baja calidad y mezclas de propano y butano. “El R-600 es el gas más usado en equipamientos nuevos, así como en algunas espumas aislantes con ciclopentano”, aseguró el funcionario.
Agregó que ese país es pionero en el desarrollo de hidrocarburos, y que gran parte de los aires acondicionados que funcionaban con R-12 han sido convertidos a otros gases como el propano o mezclas de 50 / 50 con isobutano y propano. Esta última mezcla, precisa Marvid, goza de gran aceptación ya que tiene características termodinámicas similares a las del R-12.
Las aplicaciones industriales en Uruguay, al igual que las de Argentina, no han incorporado hidrocarburos, en parte por las limitaciones de cantidad que tienen estos productos. “El sector industrial usa mucho amoniaco y R-22, que poco a poco se está reemplazando por la serie 400 y el R-507.
La situación en México es similar, pese a que en este país hay un fabricante que está impulsando el uso de hidrocarburos, según indicó el ingeniero Gildardo Yáñez, gerente técnico y de TI en el Grupo Refrigerantes, quien además declaró que “el uso de los hidrocarburos no está generalizado. Lo que pasa es que a estos sistemas no se les puede cargar más de 150 gramos”.
Para ilustrar esta restricción, Yáñez alude al sello norteamericano UL que fija los máximos de gases inflamables en los equipos de refrigeración en 50 gramos para algunas aplicaciones y 150 gramos como cantidad máxima. Este límite impide que se puedan crear tecnologías eficientes para el sector industrial que, en consecuencia, recurre a otros refrigerantes.
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