¿Y después de Copenhague qué? |
Página 1 de 2 El columnista abre una serie de interrogantes surgidos tras la última conferencia sobre cambio climático y llama la atención sobre la responsabilidad que todos los habitantes del mundo, sobre todo los miembros de la comunidad técnica e ingenieril, tienen para aminorar el impacto ambiental.Por: Camilo Botero* Fueron muchas las expectativas generadas por la Conferencia sobre Cambio Climático celebrada en la capital danesa entre el 7 y el 18 de diciembre de 2009. Se esperaban unos 18.000 asistentes pero finalmente la cifra llegó a 40.000 personas; de igual forma, muchos de los participantes pronunciaron discursos que poco o nada tienen que ver con el problema fundamental del mundo: el calentamiento global y el deterioro del medio ambiente. Como si fuera poco, los grandes líderes mundiales dieron su apreciación con relación al tema de la cumbre, todos en plan de protagonismo político, como le corresponde a su investidura, pero con muy pocos aportes en la búsqueda real de soluciones. Cuando se busca en Internet las conclusiones de esta conferencia aparecen los mismos lugares comunes, pero nada de fondo que indique que sí se trabajará como ciudadanos del mundo en la mitigación del cambio climático, que últimamente se ha hecho evidente en grandes catástrofes. Basta con observar cómo ha cambiado la temperatura en nuestras ciudades en los últimos años para concluir que la realidad es una espada de Damocles que pesa sobre todos nosotros y principalmente sobre las generaciones futuras. ¿Qué hacer? Si nos remontamos a finales del siglo XIX y principios del XX, época en la que se inventaron la mayoría de las máquinas que hoy son las grandes consumidoras de energía, especialmente de combustibles fósiles, vemos que todo fue creado alrededor de la comunidad ingenieril y técnica. Estos inventos han sido incorporados en nuestras vidas y los asumimos como cotidianos: automóvil, avión, barco, plantas térmicas, procesos industriales; los usamos diariamente junto con miles de nuevos inventos que consumen energía y requieren materiales. Todos, sin excepción, terminan contribuyendo a la contaminación, por eso todos somos responsables de ella y a todos nos corresponde buscar las soluciones. En mi modesta opinión, como la mayoría de esos inventos han sido creados por ingenieros y técnicos, la solución pasa necesariamente por la comunidad ingenieril y técnica, creando una nueva generación de aparatos que preste los mismos servicios a los que ya se acostumbró a la humanidad, pero que sea significativamente más eficiente y que no contamine o lo haga en menor escala. Por ejemplo el motor de combustión interna y las turbinas que proliferan por todo el mundo son grandes predadores por el uso de energía de hidrocarburos ¿Por qué no hacer un cambio dramático hacia las tecnologías que utilizan las energías que están en la naturaleza como la solar, la eólica, la geotérmica, entre otras? Las soluciones deben salir de la comunidad ingenieril, de eso estoy seguro. Cuando dichas soluciones sean más económicas y asequibles, se irán incorporando en nuestras vidas de manera natural; ya se ha iniciado el proceso, pero creo que de una manera muy tímida y con poco impacto. Todas las campañas de uso racional de la energía son bienvenidas, pero no suficientes. Requerimos un cambio dramático en la conversión de la energía y esto sólo lo producirá la comunidad científica. En otras palabras, tenemos un gran reto todos los ingenieros y técnicos del mundo con este gravísimo problema del cambio climático. Hablando específicamente de la industria del aire acondicionado, refrigeración, calefacción y ventilación, se han dado grandes cambios, pero que no son suficientes todavía.
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